viernes, 27 de noviembre de 2009

¿CUÁNTOS ASTILLEROS NOS CREAMOS NOSOTROS MISMOS?

Cuando terminé de leer “El astillero” de Juan Carlos Onetti, una gran duda me vino a la mente: ¿Cuántos astilleros nos creamos nosotros mismos?
Todos participamos de cierta forma en la recreación de excusas, explicaciones, justificaciones, cualquier sinónimo sirve para usarlo en este apartado, para crearnos un mundo sin salida, sin posibilidad de cambio, sin que otro futuro distinto sea posible.
Estoy harto de ver como las personas justificamos nuestra mediocridad en excusas vanas: la familia, el trabajo, la casa, el perro, etc. Nunca nos cansamos de explicar todas esas causas que no nos permiten hacer lo que realmente queremos, pero nunca somos capaces de enfrentarnos con nuestros deseos y la posibilidad de llevarlos a cabo. ¿Existirá algún momento donde nos encontremos con la verdadera realidad y no la que nosotros mismos nos inventamos?
En el libro de Onetti podemos observar personajes que buscan cualquier motivo para no cambiar sus vidas. No importa que el mundo que les rodea sea insignificante, vacío, sin sentido o al menos el que ellos necesitarían. Dejan pasar el tiempo como el que pierde un tren a conciencia pero disimula y maldice por su suerte. No sólo no son capaces de cambiar su día a día, sino que además buscan cualquier excusa para no verlo.
Esos mismos personajes están indefinidos, no sabemos como son físicamente, que características los definen: la ropa que visten, el rostro, su cuerpo, la forma de moverse. Sin embargo, su mundo interior es visible desde el principio: sus pensamientos, la manera de relacionarse con otros personajes, los lugares que habitan.
Es un libro para leer sin prisas, concentrado, para detenerse en los pequeños detalles que nos muestran y nos informan de ese mundo que nos narran, de esos personajes perdedores o vencidos y de ese mundo que no sólo habitan, sino que configuran a su alrededor.
La ficción nos muestra nuestra propia realidad, sin velos, con ejemplos con los que podemos sentirnos identificados o que nos enseñan lo que nuestra mente no quiere ver, ocultándonos a nosotros mismo una realidad que existe y que transformamos para nuestra conformidad en el día a día.