viernes, 28 de septiembre de 2012

Poemas de Tomas Tranströmer

Me permito el lujo de añadir dos dedicatorias propias a la poesía de Tomas Tranströmer. El primero de los poemas en forma de tanka y el segundo en forma de haiku:

Corre verano
en huida salvaje,
llego otoño,
es liviano manto
de hojas temerosas.

Claro de luna
dos de la madrugada
tren detenido.

A continuación una selección de poemas de Deshielo a mediodía, de Tomas Tranströmer:



De 17 POEMAS (1954)

CINCO ESTROFAS PARA THOREAU

Otro más abandonó el pesado
anillo de la ciudad de voraces piedras. Clara como la sal es
el agua que golpea todas las cabezas de
los verdaderos refugiados.

En lento remolino ha subido el silencio
hasta aquí desde el centro del mundo, a enraizarse y crecer
y con frondosa copa sombrear la escalera del hombre, entibiada
por el sol.

*

Negligentemente, el pie golpea una seta. La nube de tormenta
se agranda junto al borde. Como cuernos de cobre
las sinuosas raíces del árbol dan el tono, y las hojas
se dispersan temerosas.

La huida salvaje del otoño es su liviano manto,
flameando hasta que, otra vez, llegue la manada de días tranquilos
de helada y ceniza y bañen
las garras en la fuente.

*

Creído por nadie va el que vio un géiser,
huido de aljibe cegado, como Thoreau, y sabe
desaparecer en lo profundo de su verde interior,
astuto y esperanzado.

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De SECRETOS EN EL CAMINO (1958)

SIESTA

Pentecostés de piedras. Y con lenguas crujientes...
La ciudad ingrávida en el espacio del mediodía.
Sepultura en luz hirviente. El tambor que acalla
los palpitantes puños de la eternidad cautiva.

El águila sube y sube sobre los que duermen.
Un sueño en que la piedra del molino se vuelve como el trueno.
Pasos del caballo con la venda en los ojos.
Los palpitantes puños de la eternidad cautiva.

Los que duermen cuelgan como péndulos en el reloj del tirano.
El águila planea, muerta, en las cascadas que fluyen del sol.
Y resonando en el tiempo -como el ataúd de Lázaro-
el ombligo que late, de la eternidad cautiva.

IZMIR A LAS TRES

Justo enfrente, en la calle casi vacía,
dos mendigos: uno sin piernas
es llevado en las espaldas del otro.

Estuvieron allí -como en un camino de medianoche un animal
queda cegado mirando fijamente a los faros del coche-
un instante y siguieron su camino;

se movían como muchachos en un patio de colegio,
rápidos sobre la calle mientras las miríadas de relojes
del calor del mediodía sonaban en el espacio.

El azul pasó resbalando por la rada, brillando.
El negro se agachó y encogió, observando, desde las piedras.
El blanco creció hasta ser tormenta en los ojos.

Cuando las tres de la tarde fueron pisoteadas bajo cascos
y la oscuridad palpitaba en la pared de la luz,
la ciudad se arrastraba a las puertas del mar
y relucía en el prismático del buitre.

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De PRISIÓN (1959)

NUEVE HAIKUS
(Nueve haikus del hospicio de jóvenes Hällby, 1959)

Se juega al fútbol;
confusión, la pelota
va sobre el muro.

*

Ruido se hace
para espantar el tiempo,
para apurarlo.

*

Vidas mal escritas:
la belleza persiste
como un tatuaje.

*

Ladrón cazado: con
los bolsillos llenos
de setas frescas.

*

Ruidos de taller,
torres de pesado andar
al bosque asombran.

*

Se abre la puerta;
en el hospicio estamos,
en nueva era.

*

La luz se enciende:
el aviador ve manchas
de luz irreal.

*

Noche: un camión
pasa, los internados
sueñan temblando.

*

Él bebe leche
y se duerme en su celda,
madre de piedra.

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De EL CIELO A MEDIO HACER (1962)

DESHIELO A MEDIODÍA

El aire matinal repartió sus cartas con sellos incandescentes.
La nieve iluminó y todos los pesares se alivianaron: un kilo pesaba
apenas setecientos gramos.

El sol estaba alto sobre el hielo, volando por el lugar, caliente y frío
a la vez.
El viento avanzó lentamente como si empujase un cochecillo de niño
frente a sí.

Las familias salieron, vieron cielo abierto por primera vez
en mucho tiempo.
Estábamos en el primer capítulo de un relato muy intenso.

El resplandor del sol se adhería a todos los gorros de piel,
como el polen a los abejorros,
y el resplandor del sol se adhirió al nombre INVIERNO
y se quedó allí hasta que el invierno hubo pasado.

Una naturaleza muerta de troncos, en el lago, me puso pensativo.
Les pregunté:
«¿Me acompañan hasta mi niñez?» Respondieron: «Sí».

Desde la espesura se escuchó un murmullo de palabras
en un nuevo idioma:
las vocales eran cielo azul y las consonantes eran ramas negras
y hablaban
muy lentamente sobre la nieve.

Pero la tienda de saldos, haciendo reverencias con su
estruendo de faldas,
hizo que el silencio de la tierra creciese en intensidad.

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De TAÑIDOS Y HUELLAS (1966)

UN ARTISTA EN EL NORTE

Yo, Edvard Grieg, me movía como un hombre libre entre hombres,
bromeaba habitualmente, leía los periódicos, viajaba y marchaba.
Yo dirigía la orquesta.
El auditorio con sus lámparas temblaba de triunfo como balsa del ferrocarril
en el momento de atracar.

Me transporté hasta aquí para ser corneado por el silencio.
Mi cabaña de trabajo es pequeña.
El piano de cola está aquí tan apretado como la golondrina
bajo la teja.

En general, los bellos acantilados a pique callan.
No hay ningún pasaje
pero hay una compuerta que a veces se abre
y una peculiar luz que mana directamente del duende.

¡Disminuir!

Y los golpes de martillo en la montaña llegaron
llegaron
llegaron
llegaron una noche de primavera a nuestra habitación
disfrazados de latidos de corazón.

El año anterior a mi muerte, enviaré cuatro salmos para rastrear a Dios.
Pero eso empieza aquí.
Una canción de aquello que está cerca.

Lo que está cerca.

Campos de batalla dentro de nosotros
donde los Huesos de los Muertos
luchan para volverse vivos.

MÚSICA LENTA

El edificio está cerrado. El sol entra por las ventanas
y calienta la parte superior de los escritorios
que son tan fuertes como para cargar el peso del destino del hombre.
Estamos afuera hoy, junto a la extensa y ancha ladera.
Muchos llevan ropas oscuras. Uno puede estar al sol y cerrar los ojos
y sentir cómo es soplado lentamente hacia adelante.
Rara vez vengo hasta el agua. Pero ahora estoy aquí,
entre grandes piedras con espaldas pacíficas.
Piedras que lentamente han caminado hacia atrás desde las olas.

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De VISIÓN NOCTURNA (1970)

ALGUNOS MINUTOS

El pequeño abeto del pantano alza su copa: un trapo oscuro.
Pero lo que uno ve no es nada
frente a las raíces, las dilatadas, las que reptan ocultas, el
inmortal o semimortal
sistema de raíces.

Yo tú ella también nos hemos ramificado.
Más allá de lo deseado.
Fuera de Metrópolis.

Del cielo blanco lechoso de verano cae una lluvia.
Siento como si mis cinco sentidos estuviesen acoplados
a otro ser
que se mueve tan empecinadamente
como los corredores vestidos de colores claros en un estadio
sobre el que chorrea la oscuridad.

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De SENDEROS (1973)

EXAMEN DEL SUELO

El sol blanco chorrea en el esmog.
La luz gotea, se desliza hacia abajo,

hasta mis ojos inferiores que descansan
profundamente bajo la ciudad y miran hacia arriba,

ven la ciudad desde abajo: calles, cimientos:
parecen fotos aéreas de una ciudad en guerra

aunque, al revés: una foto de espionaje:
cuadrados silenciosos en colores apagados.

Allí se toman las decisiones. Los huesos de los muertos
no se pueden distinguir de los huesos de los vivos.

La luz del sol aumenta de volumen, fluye
en las cabinas de vuelo y en las vainas de las algarrobas.

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De LA BARRERA DE LA VERDAD (1978)

EL BARCO - EL PUEBLO

Un pesquero portugués, azul, la estela levanta
un poco el Atlántico.
Un punto azul lejano, y sin embargo, yo estoy allí: los seis
que están a bordo no notan que somos siete.

Yo he visto construir un barco como este; yacía como un
gran laúd sin cuerdas
en la quebrada de la pobreza: el pueblo donde uno
lava y lava con rabia, paciencia y duelo.

Negrea de gente la playa. Hubo una reunión que ya
terminó; se llevan los altavoces.

Soldados escoltaron el Mercedes del orador en el tumulto,
las palabras tamborilean en los costados de hojalata.

DESPUÉS DE UNA LARGA SEQUÍA

Ahora mismo el verano es gris; noches extrañas.
La lluvia se desliza desde el cielo
y en calma aterriza
como si se tratase de sorprender a alguien que duerme.

Los círculos de agua pululan en la superficie de la ensenada
y es la única superficie que hay
-lo otro es altura y profundidad,
ascender y hundirse.

Dos troncos de
abeto emergen y se estiran en largas, huecas señales de tambor.
Lejos están las ciudades y el sol.
El trueno está en la hierba alta.

Es posible llamar a la isla de los espejismos.
Es posible oír esa voz gris.
Para el rayo, el hierro es miel.
Uno puede vivir con su código.

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De LA PLAZA SALVAJE (1983)

LA ESTACIÓN

Ha llegado un tren. Allí está, un vagón tras el otro,
pero no se abren puertas, nadie baja ni sube.
¿Acaso tiene puertas? Allí dentro hormiguean,
de aquí para allá, seres cautivos.
Por las inconmovibles ventanas observan.
Y afuera anda un hombre, a lo largo del tren, con una maza.

Golpea las ruedas, resuena débilmente. Salvo aquí:
aquí crece el tono incomprensiblemente: un golpe de trueno,
tañido de campanas de iglesia, tono de la vuelta al mundo
que eleva todo el tren y las mojadas piedras del paraje.
Todo canta. Esto lo recordaréis. ¡Continuad el viaje!

OJOS DE SATÉLITE

Rugoso es el suelo, no un espejo.
Solo las más ásperas almas
pueden reflejarse allí: la luna
y la Edad de los Hielos.
¡Acércate en la niebla de dragón!
Pesadas nubes, calles hormigueantes.
Una lluvia susurrante de almas.
Patios de cuartel.

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De PARA VIVOS Y MUERTOS (1989)

EN LA EUROPA PROFUNDA

Yo, casco oscuro que flota entre dos puertas de esclusas,
descanso en la cama del hotel, mientras alrededor despierta la ciudad.
La alarma silenciosa y la luz gris penetran
y me suben lentamente hasta el próximo nivel: la mañana.

Horizonte escuchado. Algo quieren decir, los muertos.
Fuman pero no comen, no respiran pero les queda voz.
Voy a apurarme por las calles, como uno de ellos.
La catedral ennegrecida, pesada como una luna, hace flujo y reflujo.

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De EL GRAN ENIGMA, (2004)

CAE NIEVE

Los entierros llegan
más y más apretados
como los carteles de autopista
cuando nos acercamos a una ciudad.

Miles de personas miran
hacia el país de las sombras largas.

Un puente es construido
lentamente,
derecho hacia el espacio.

© Tomas Tranströmer, todos los poemas propiedad del autor.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Crítica de los libros: "El cielo a medio hacer" y "Deshielo a mediodía" de Tomas Tranströmer

Últimas obras publicada en español del poeta sueco, Premio Nobel de Literatura, y desconocido hasta que su nombre apareció en las noticias de todo el mundo. Escritor de poesía en sueco, suficiente enunciado para echar para atrás a cualquier persona que quiera curiosear sobre este autor, para dejar para otro momento el descubrir un nuevo tipo de poesía alejada no solo por la distancia física sino también por la intelectual.

«Sentí intensamente el peligro de ser considerado anormal, porque en el fondo tenía la sospecha de serlo. Había una serie de adultos insensibles que todo el tiempo me señalaban como raro»

«Mi vida tiene forma de un cometa»

Poeta que nació en Estocolmo en el año 1931. Trabajó como psicólogo, siempre fuera de la literatura para poder mantener su imparcialidad. Su poesía se puede leer cerca de cincuenta idiomas.

«Siendo joven, reconocí que no podía mantenerme ni alimentar a una familia con la escritura de poesía; de modo que elegí una profesión que no perturbase la escritura, sino que le agregase experiencia. Por esto elegí la profesión de psicólogo, de lo cual nunca me he arrepentido»

Hace años sufrió un ataque cerebral, éste lo paralizó parcialmente y le afecto a la función del lenguaje, ahora tiene como única intérprete a su esposa Mónica. También es músico que se dedica en la actualidad a interpretar temas con su mano izquierda, la única que responde después del ataque. Le gusta el arte y el conocimiento, conocimiento que encuentra en la historia, en la reflexión, en los viajes, en la vida.

Como dice su traductor, Roberto Mascaró, al español: «Extremadamente sencillo, de pocas palabras, de risa fácil, conocedor de la vida y de muchas regiones del mundo, respetuoso de todas las culturas y posturas. Critica la destrucción de la sociedad sueca humanista en la que él se formó a favor de una vaciedad funcionalista que detesta».

Sus primeros kaikus escritos son de 1959. En ellos se puede encontrar la visión oriental de su mirada, la reflexión de la situación como ente que recorre una realidad a la vez extraña e íntima, como dice Jordi Doce en su artículo “La lógica del sueño” en Letras internacionales: «el haiku vuelve acontecimiento todo lo que toca: un acontecimiento que se dice a sí mismo, que hace el vació a su alrededor (y en sí), para ser y estar con más fuerza». En ellos podemos encontrar las imágenes que encuentra el poeta a su alrededor, donde la naturaleza recobra toda su fuerza: ríos, nieve, animales, la mar, las estaciones. Todos estos elementos también aparecerán en sus poemas, revisiones más extendidas de una misma visión pero con una fuerza de concisión al lenguaje, a la expresión, a llevar más allá el lenguaje para poder expresar todo lo que quiere decir, de una forma sencilla y llena de precisas relaciones.

«Ahora está el sol bajo.
Nuestras sombras, gigantes.
Pronto, todo será sombra.»

«Me ve la muerte:
problema de ajedrez.
Ya lo he resuelto.»

«Algo sucedió.
La luna entró en la pieza.
Dios se enteró.»

Su poesía es taciturna, enigmática, donde el sueño y la realidad se funden creando una realidad que no llega a ser total pero que sí aspira a dicha totalidad; busca las dos caras de la vida. Una poesía que es pensada, meditada, antes de ser escrita en un lenguaje sencillo. Como indica Dan Chanson en su artículo “Pensamientos nocturnos”, de la revista Letras Internacional: «Los poemas invierten la búsqueda: comienzan con un sustrato mental peligroso y persiguen la unión [...] hasta qué punto lo cotidiano es algo que debe ganarse a pulso, visible tan solo a través de la gasa de su imaginación». Donde la historia, como narración de hechos conocidos, y la filosofía, como amor a la sabiduría, encuentra su lugar.

«Los túneles. Allí caminamos durante meses, la mitad en servicio y la mitad huyendo. Breve recogimiento en el que alguna escotilla se abre sobre nosotros y una luz débil cae. Miramos hacia arriba: el cielo estrellado a través de la reja de alcantarilla»

Con la fuerza del realismo pero que nos presenta una realidad que carece de orden, de normalidad, en la que el autor intenta buscar su historia, sus recuerdos, su forma de vivir. Cargada de imágenes impresionistas pero con un hálito de ensueño.

«¡Tanto tenemos que confiar para poder vivir nuestro día cotidiano sin hundirnos en la tierra!»

Mención especial a los prólogos que aparecen en ambas obras, la narración de cómo le conoció el traductor Roberto Mascaró en “Por las calles de Södermalm” y la visión autobiográfica en “Visión de la memoria” donde podemos encontrar la narración del propio Tomas Tranströmer de aquellos hechos que para el marcaron su vida.

«Uno se siente siempre más joven de lo que es. Dentro de mí llevo mis rostros anteriores, como un árbol lleva los anillos de la edad. Es la suma de ellos lo que es «yo». El espejo ve solamente mi rostro ulterior, yo conozco todos mis anteriores»

Aunque exista cierta distancia entre ambas culturas, la española y la sueca, no debemos olvidar que cualquier poesía que se acerque a los problemas del ser humano nos acerca y nos enfrenta con los problemas existenciales que nos rodea a lo largo de nuestra existencia. La poesía reflexionada por el autor, que demuestra sus convicciones sobre la realidad que nos rodea, nos demuestra que la lectura con la mente abierta nos permite acercarnos a cualquier cultura y cualquier tipo de poemas, algunos más sencillos que otros de interpretar, pero la variedad en su narrativa que podemos encontrar dentro de este autor nos permite disfrutar de su lectura. Aconsejo que nadie retroceda ante Tomas Tranströmer y se atreva a encontrar todas aquellas vidas que fueron vividas desde la conciencia y el conocimiento.

Puedes encontrar más críticas en los siguientes enlaces:

CRÍTICA: “A la vez topo y águila” por Javier Rodríguez Marcos

CRÍTICA: “Grandes cosas con palabras pequeñas” por Roberto Mascaró

CRÍTICA: “El poeta en el mundo” por Antonio Muñoz Molina

lunes, 24 de septiembre de 2012

Entrevista a Paul Auster

En el siguiente video podemos encontrar otra entrevista que realizan a Paul Auster que aparece en Youtube


sábado, 22 de septiembre de 2012

Crítica del libro: "Diario de invierno" de Paul Auster

Última novela del autor, encuadrada dentro del grupo de novelas autobiográficas junto a La invención de la soledad y A salto de mata: crónica de un fracaso precoz. Es un texto lleno de fragmentos, como si fuera un diario personal donde quedan mezclados los recuerdos y que solo permanecen unidos por el protagonista, el propio autor, que los narra, o mejor dicho, rememora desde su invierno metafórico; la última estación de su vida.


En esta obra podemos encontrar las características que definen la narrativa del autor en su vertiente autobiográfica: facilidad para narrar hechos de su vida; continuas referencias a sentimientos y pensamientos propios enlazados con las historias que narra; empatía con el lector, implicándolo en la narración que escucha y que genera intimidad (lo consigue gracias a la utilización de la segunda persona vocativa como forma narrativa); exposición de valores particulares que se convierten en universales cuando los comparte con el lector; y demás recursos que tan bien utiliza Paul Auster.

«En el mundo de la memoria todo es simultáneo» PAUL AUSTER

Su principal tema en la narración es el paso del tiempo, tiempo que se acorta según pasan los años. Con una visión pesimista que acaba con pequeños rayos de esperanza. Narra en las páginas sus cavilaciones sobre el paso del tiempo, sobre los muertos, sobre los achaques del cuerpo, la melancolía del mundo que se fue y que revive en sus recuerdos, la década que duro su crisis creativa, sus mujeres, sus casas.

«¿Cuántas mañanas quedan?» PAUL AUSTER

Es un libro estupendo, de fácil lectura, que poco a poco nos va llevando dentro de la vida del protagonista, el propio Paul Auster. El lenguaje que utiliza es sencillo y parece que fuera susurrado durante una noche, en una velada privada con el autor, que nos narra con sencillez e intimidad parte de su vida. Para los que no hayan leído nada del Paul Auster es una buena manera de comenzar, de sentirse enganchado a su narrativa y de buscar un nuevo libro para seguir escuchando la voz de este estupendo autor. Para los que le conocíamos, es la vuelta de un gran escritor con algunas historias ya conocidas, aquel que nos demostró que con un lenguaje sencillo y transparente se puede decir muchas verdades. Animo a todos que disfruten con esta lectura.

Puedes encontrar más críticas en los siguientes enlaces:

CRÍTICA: “Viaje al paraíso de la memoria” por Javier Aparicio Maydeu

CRÍTICA: “Que el invierno le bendiga, señor Auster” por Carlos Boyero

viernes, 21 de septiembre de 2012

Entrevista a Paul Auster

En el siguiente video podemos encontrar la entrevista que realizaron a Paul Auster en el programa de RTVE, Página2


jueves, 20 de septiembre de 2012

"1984" de George Orwell (Traducción por Rafael Vázquez Zamora)



SINOPSIS:
Winston Smith decide rebelarse ante un gobierno totalitario que controla cada uno de los movimientos de sus ciudadanos y castiga incluso a aquellos que delinquen con el pensamiento. Consciente de las terribles consecuencias que puede acarrear la disidencia, Winston se une a la ambigua Hermandad por mediación del líder O’Brien. Paulatinamente, sin embargo, nuestro protagonista va comprendiendo que ni la Hermandad ni O’Brien son lo que aparentan, y que la rebelión, al cabo, quizá sea un objetivo inalcanzable. Por su magnífico análisis del poder y de las relaciones y dependencias que crea en los individuos, 1984 es una de las novelas más inquietantes y atractivas de este siglo.

1984 constituye el último eslabón de una trilogía de la que forman parte Homenaje a Cataluña y Rebelión en la granja, una trilogía que se fue gestando en la mente de Orwell durante un largo período, y que podría titularse «La revolución traicionada». Esta novela es, entre otras cosas, una reflexión repetida y más elaborada de temas omnipresentes en la producción orwelliana durante los diez años que transcurren entre las publicaciones. Son los temas tópicos de la deformación de la historia, el uso de la propaganda política y el rechazo de los sistemas totalitarios, que aquí alcanza un tratamiento muy pormenorizado, pero que no son en absoluto nuevos en Orwell, ya que tienen su raíz en la experiencia vivida por él en la guerra civil española.


Fue en 1903 cuando Eric Arthur Blair, el escritor británico más conocido por su seudónimo George Orwell, nació en Motihari, India. Estudió en el Eton College de Inglaterra gracias a una beca, y prestó sus servicios en la Policía Imperial. Estuvo destinado en Birmania, de 1922 a 1927, fecha en que regresó a Inglaterra. Enfermo y luchando por abrirse camino como escritor, vivió durante varios años en la pobreza, primero en París y más tarde en Londres. Como resultado de esta experiencia escribió un primer libro 'Sin blanca en París y Londres' (1933), donde relata las sórdidas condiciones de vida de las gentes sin hogar. 'Días en Birmania' (1934), un feroz ataque contra el imperialismo, es también, en gran medida, una obra autobiográfica. Su siguiente novela, 'La hija del Reverendo' (1935), cuenta la historia de una solterona infeliz que encuentra de manera efímera su liberación viviendo entre los campesinos. En 1936 Orwell luchó en el ejército republicano durante la Guerra Civil española (1936-1939). El autor describe su experiencia bélica en 'Homenaje a Cataluña' (1938), uno de los relatos más conmovedores escritos sobre esta guerra y en el que se hace responsable al Partido Comunista Español (PCE) y a la Unión Soviética de la destrucción del anarquismo español que supuso el triunfo de la Falange. 'El camino a Wigan Pier' (1937), escrita en esta misma época, es una crónica desgarradora sobre la vida de los mineros sin trabajo en el norte de Inglaterra. Su condena de la sociedad totalitaria queda brillantemente plasmada en una ingeniosa fábula de carácter alegórico, 'Rebelión en la granja' (1945), basada en la traición de Stalin a la Revolución Rusa, así como en la novela satírica '1984' (1949). Esta última ofrece una descripción aterradora de la vida bajo la vigilancia constante del "Gran Hermano". Cabe citar entre otros escritos, la novela 'Que vuele la aspidistra' (1936) y 'Disparando al elefante y otros ensayos' (1950), ambas consideradas modelos de prosa descriptiva, y 'Así fueron las alegrías' (1953), un recuerdo de sus difíciles años de estudiante. En 1968 se publicaron en cuatro volúmenes sus Ensayos Completos: Periodismo y Cartas. Orwell murió de tuberculosis en enero de 1950, dejando tras de sí un profundo escepticismo por las marañas políticas.


Fuente: Ediciones Destino

miércoles, 19 de septiembre de 2012

"Discurso Príncipe de Asturias de las Letras" de Paul Auster

No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa.


Esa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto? ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más?

En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil.

La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos.

Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la "era posliteraria". Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten -en la página impresa o en la pantalla de televisión-, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas.

De todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento.

Nunca he querido trabajar en otra cosa.

lunes, 17 de septiembre de 2012

"La tentación del fracaso" de Julio Ramón Ribeyro



SINOPSIS:
Desde finales de los años cuarenta el gran escritor peruano Julio Ramón Ribeyro fue dando forma a un diario personal que lo acompañó durante múltiples viajes y estancias en España, Francia, Alemania, Bélgica y Perú. Obra colosal, originariamente no destinada a su publicación, se proyecta como uno de los testimonios más intensos y conmovedores del itinerario vital y creativo de un escritor.

Inéditos hasta la fecha en nuestro país, estos diarios que abarcan el periodo 1950-1978 ponen por primera vez al alcance del lector español un paisaje literario fascinante, el que enmarca la vida y la obra de un narrador excepcional. En estas páginas se podrá encontrar a Ribeyro al desnudo, expuesto a los avatares de la cotidianidad, aunque con una asombrosa conciencia artística de su oficio literario.
«El diario -dice el propio Ribeyro- se convirtió para mí en una necesidad, en una compañía y en un complemento a mi actividad estrictamente literaria. Más aún, pasó a formar parte de mi actividad literaria, tejiéndose entre mi diario y mi obra de ficción una apretada trama de reflejos y reenvíos.» La tentación del fracaso es una lectura apasionante, una obra imprescindible en la trayectoria de uno de los más notables cuentistas hispanoamericanos y es, sin duda, uno de sus logros más significativos.


Julio Ramón Ribeyro estudió Letras y Derecho en la Universidad Católica de Lima. En 1960 emigró a París, donde trabajó como periodista en France Presse y, posteriormente, como consejero cultural y embajador ante la UNESCO. Sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas y ha sido galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1983, el Nacional de Cultura en 1993, ambos en Perú, y el Juan Rulfo en 1994. Dueño de una obra que toca una inmensa gama de registros, su producción cuentística es una de las más fecundas y significativas del siglo XX. Entre sus colecciones de relatos figuran Los gallinazos sin plumas (1954), Cuentos de circunstancias (1958), Las botellas y los hombres (1964), Tres historias sublevantes (1964), Los cautivos (1972), El próximo mes me nivelo (1972), Silvio en El Rosedal (1977), Sólo para fumadores (1987) y Relatos santacrucinos (1992).

Su narrativa breve ha sido reunida en La palabra del mudo (1973), La juventud en la otra ribera (1983) y en Cuentos completos (1994). También ha publicado las novelas Crónica de San Gabriel (1960), Los geniecillos dominicales (1965) y Cambio de guardia (1976); una recopilación de ensayos y artículos literarios, La caza sutil (1975); los textos aforísticos Dichos de Luder (1989); sus diarios, La tentación del fracaso (1992-1995; Seix Barral, 2003); y las piezas teatrales recogidas en Teatro (1975) y Atusparia (1981).


Fuente: Seix Barral