jueves, 27 de septiembre de 2012

Crítica de los libros: "El cielo a medio hacer" y "Deshielo a mediodía" de Tomas Tranströmer

Últimas obras publicada en español del poeta sueco, Premio Nobel de Literatura, y desconocido hasta que su nombre apareció en las noticias de todo el mundo. Escritor de poesía en sueco, suficiente enunciado para echar para atrás a cualquier persona que quiera curiosear sobre este autor, para dejar para otro momento el descubrir un nuevo tipo de poesía alejada no solo por la distancia física sino también por la intelectual.

«Sentí intensamente el peligro de ser considerado anormal, porque en el fondo tenía la sospecha de serlo. Había una serie de adultos insensibles que todo el tiempo me señalaban como raro»

«Mi vida tiene forma de un cometa»

Poeta que nació en Estocolmo en el año 1931. Trabajó como psicólogo, siempre fuera de la literatura para poder mantener su imparcialidad. Su poesía se puede leer cerca de cincuenta idiomas.

«Siendo joven, reconocí que no podía mantenerme ni alimentar a una familia con la escritura de poesía; de modo que elegí una profesión que no perturbase la escritura, sino que le agregase experiencia. Por esto elegí la profesión de psicólogo, de lo cual nunca me he arrepentido»

Hace años sufrió un ataque cerebral, éste lo paralizó parcialmente y le afecto a la función del lenguaje, ahora tiene como única intérprete a su esposa Mónica. También es músico que se dedica en la actualidad a interpretar temas con su mano izquierda, la única que responde después del ataque. Le gusta el arte y el conocimiento, conocimiento que encuentra en la historia, en la reflexión, en los viajes, en la vida.

Como dice su traductor, Roberto Mascaró, al español: «Extremadamente sencillo, de pocas palabras, de risa fácil, conocedor de la vida y de muchas regiones del mundo, respetuoso de todas las culturas y posturas. Critica la destrucción de la sociedad sueca humanista en la que él se formó a favor de una vaciedad funcionalista que detesta».

Sus primeros kaikus escritos son de 1959. En ellos se puede encontrar la visión oriental de su mirada, la reflexión de la situación como ente que recorre una realidad a la vez extraña e íntima, como dice Jordi Doce en su artículo “La lógica del sueño” en Letras internacionales: «el haiku vuelve acontecimiento todo lo que toca: un acontecimiento que se dice a sí mismo, que hace el vació a su alrededor (y en sí), para ser y estar con más fuerza». En ellos podemos encontrar las imágenes que encuentra el poeta a su alrededor, donde la naturaleza recobra toda su fuerza: ríos, nieve, animales, la mar, las estaciones. Todos estos elementos también aparecerán en sus poemas, revisiones más extendidas de una misma visión pero con una fuerza de concisión al lenguaje, a la expresión, a llevar más allá el lenguaje para poder expresar todo lo que quiere decir, de una forma sencilla y llena de precisas relaciones.

«Ahora está el sol bajo.
Nuestras sombras, gigantes.
Pronto, todo será sombra.»

«Me ve la muerte:
problema de ajedrez.
Ya lo he resuelto.»

«Algo sucedió.
La luna entró en la pieza.
Dios se enteró.»

Su poesía es taciturna, enigmática, donde el sueño y la realidad se funden creando una realidad que no llega a ser total pero que sí aspira a dicha totalidad; busca las dos caras de la vida. Una poesía que es pensada, meditada, antes de ser escrita en un lenguaje sencillo. Como indica Dan Chanson en su artículo “Pensamientos nocturnos”, de la revista Letras Internacional: «Los poemas invierten la búsqueda: comienzan con un sustrato mental peligroso y persiguen la unión [...] hasta qué punto lo cotidiano es algo que debe ganarse a pulso, visible tan solo a través de la gasa de su imaginación». Donde la historia, como narración de hechos conocidos, y la filosofía, como amor a la sabiduría, encuentra su lugar.

«Los túneles. Allí caminamos durante meses, la mitad en servicio y la mitad huyendo. Breve recogimiento en el que alguna escotilla se abre sobre nosotros y una luz débil cae. Miramos hacia arriba: el cielo estrellado a través de la reja de alcantarilla»

Con la fuerza del realismo pero que nos presenta una realidad que carece de orden, de normalidad, en la que el autor intenta buscar su historia, sus recuerdos, su forma de vivir. Cargada de imágenes impresionistas pero con un hálito de ensueño.

«¡Tanto tenemos que confiar para poder vivir nuestro día cotidiano sin hundirnos en la tierra!»

Mención especial a los prólogos que aparecen en ambas obras, la narración de cómo le conoció el traductor Roberto Mascaró en “Por las calles de Södermalm” y la visión autobiográfica en “Visión de la memoria” donde podemos encontrar la narración del propio Tomas Tranströmer de aquellos hechos que para el marcaron su vida.

«Uno se siente siempre más joven de lo que es. Dentro de mí llevo mis rostros anteriores, como un árbol lleva los anillos de la edad. Es la suma de ellos lo que es «yo». El espejo ve solamente mi rostro ulterior, yo conozco todos mis anteriores»

Aunque exista cierta distancia entre ambas culturas, la española y la sueca, no debemos olvidar que cualquier poesía que se acerque a los problemas del ser humano nos acerca y nos enfrenta con los problemas existenciales que nos rodea a lo largo de nuestra existencia. La poesía reflexionada por el autor, que demuestra sus convicciones sobre la realidad que nos rodea, nos demuestra que la lectura con la mente abierta nos permite acercarnos a cualquier cultura y cualquier tipo de poemas, algunos más sencillos que otros de interpretar, pero la variedad en su narrativa que podemos encontrar dentro de este autor nos permite disfrutar de su lectura. Aconsejo que nadie retroceda ante Tomas Tranströmer y se atreva a encontrar todas aquellas vidas que fueron vividas desde la conciencia y el conocimiento.

Puedes encontrar más críticas en los siguientes enlaces:

CRÍTICA: “A la vez topo y águila” por Javier Rodríguez Marcos

CRÍTICA: “Grandes cosas con palabras pequeñas” por Roberto Mascaró

CRÍTICA: “El poeta en el mundo” por Antonio Muñoz Molina